Portada de SOTC II de Standing On The Corner: manos con guantes sobre una calle de Nueva York

este es un secreto público que sólo va a quedar entre nosotros

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Reseña x GARDU — secreto_publico.txt
Portada de SOTC II de Standing On The Corner: manos con guantes sobre una calle de Nueva York
este es un secreto público que sólo va a quedar entre nosotros

Otra reseña que no es reseña de música que no es música.

Artista
Standing On The Corner
Disco
SOTC II
Sello
XL Recordings
Escribe
GARDU
Portada del primer álbum de Standing On The Corner: collage con las torres gemelas
Standing On The Corner — su primer álbum

Mi última fascinación es un podcast titulado Grandes Infelices. Cada episodio es la vida de un escritor célebre y de cómo en sus libros dejó cincelados sus traumas y obsesiones, aun cuando no pretendía hacerlo. Pienso que leer a alguien se siente como un acto de espionaje, como estar detrás de la puerta escuchando a alguien llorar. Así me sentí leyendo El invencible verano de Liliana, un libro impresionante de Cristina Rivera Garza que documenta su propia investigación en torno a un hecho traumático a la vez que recopila fragmentos del diario de su hermana. Me ando autocensurando para no develar tanto de la trama, porque me parece incluso de mal gusto hablar de un asunto personal, aunque la autora lo haya vuelto público con el libro.

Pero tal vez escribir es esto: desnudarse demasiado y esperar que los demás sean muy prudentes. Se vuelve un secreto entre nosotros, públicamente (hey, ¡ya se me ocurrió el título de esta entrada!). Así pasa con mucho arte extraño, raro, que sólo nosotros entendemos y con el que desarrollamos un vínculo personal.

Algo así es Standing on the Corner para mí. Un grupo musical “diferente”. Uno que me gusta mucho, pero que es difícil sacar como tema de conversación si no quieres sonar como un pretencioso recomendando música avant-garde. Y sí, yo sé que en el terreno del internet nada es tan oculto como parece, que podría salir de mi inodoro un grupo de fans de este colectivo artístico neoyorquino para informarme que dejaron de ser fans porque el grupo ya se volvió mainstream. Así es la lógica de las redes sociales. Pero en el mundo real, el de las personas que vienen y van y no tienen tiempo de sentarse a explorar los vastos algoritmos de las bibliotecas de contenido, Standing on the Corner sigue siendo un grupo difícil de recomendar.

Nota adhesiva

“Escribir es desnudarse demasiado y esperar que los demás sean muy prudentes.”

Escucho este disco mientras leo A Little Life de Hanya Yanagihara. ¿A alguien más le pasa que parece que todas las escenas de la vida se acoplan con la música que está escuchando? Así me sentí alguna vez escuchando IGOR de Tyler, The Creator. Hasta puedo volver a ver la escena: yo bajando del transbús rojo que pasaba por mi universidad, cruzaba toda Tierra Colorada y llegaba hasta mi departamento en Pomoca. Hacía ese trayecto como de costumbre, sólo que ese día me habían roto el corazón y juré que “GONE, GONE / THANK YOU” me hablaba directamente a mí.

Han pasado casi siete años de eso. Ahora la música parece hablarme diferente y me interesan otras cosas, que me hablan en lenguajes tan extraños como la vida a los veintitantos, cada vez más cerca del tercer piso.

De eso habla el libro que estoy leyendo, y la música de Standing on the Corner lo acompasa de forma arrítmica, hasta incómoda, pero de alguna forma intrigante y disfrutable. De eso se trata ser adulto también, ¿no creen?

Sé que casi no hablé de música, pero justo de eso trataba esta entrada, eh, no les mentí: música difícil de recomendar porque te desbloquea conversaciones existenciales.

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