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me gustan las hormigas

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GARDUUUUUUUU

6 de enero del 2026

¿Cómo sería mi mundo perfecto? Me lo cuestiono como si quisiera crear en la seguridad de mi imaginación una bóveda de cristal que filtre todo lo que no deseo del mundo que me rodea, el cual ya es violento, caótico y confuso. Es la tierra de los locos. Estoy cada día más convencido que todos hemos perdido la cordura y, aunque lo sabemos, pretendemos que todo puede marchar con absoluta normalidad. Líderes de naciones que son absolutos payasos de un teatro de variedades sin pizca de comicidad pretenden redirigir las vías de un país soberano, como si éste le perteneciera. No estoy hablando ni de Estados Unidos ni de Venezuela. No me estoy refiriendo a Donald Trump ni a Nicolás Maduro. Porque esta misma premisa es cliché y plagiada en todos lados. Cambian los personajes, pero la historia es la misma. Yo me aburriría de ver la misma película todos los días y por eso no voy al cine más de dos veces a la semana. Pero en lugar de cuestionarnos la funcionalidad de los presidentes y las mismas estructuras de poder que han regido a nuestra sociedad por años, décadas, siglos, parece más factible quejarnos y criticarnos unos a los otros. Como ya dije, aquí todos estamos locos y el país no es maravilloso. Y aunque nos quejemos del presidente y sus decisiones preferimos enfocarnos en la tarea del día que también sirve de alimento a nuestras hormonas del estrés. Te encuentras en la oficina bebiendo café e ignorando el dolor ciático, terminando un reporte con el corazón acelerado quien platica con tu cerebro y discuten si llegarán con un cero más o un cero menos a fin de mes. Marchas a tu casa convencido de que podrías volverte un ser humano aún más productivo y te vas a dormir escuchando un podcast sobre cómo organizarte mejor porque todos te dicen que vivir en una carrera imaginaria a contrarreloj es la forma más saludable de existir. Alquilamos una metodología barata y reconfortante a la que llamamos progreso y perdimos la fe en la azarosidad cruel que es la suerte de estar parado en el lugar y momento preciso para avanzar un peldaño en la escalera social. El remate es una fantasía que elucubra tu ego todas las noches: ser ese mismo presidente, rey y dictador que tanto criticas. Porque así funciona el mundo y así es el deseo aspiracionista. Pero hoy te tocó ser simplemente tú y a mí ser simplemente yo. Nos tocó levantarnos otro día escuchar las mismas noticias de guerra e intervenciones y violaciones a los derechos humanos donde los más grandes son mencionados con nombre y apellido y las víctimas un número estimado del reportaje. Nadie se molestaría en ponerle nombre una por una a las hormigas que desfilan alrededor del pedazo de rosca de reyes que dejamos sobre la mesa. Tenemos otras prioridades porque, como ya dije, hace mucho tiempo perdimos la cordura y alguien nos hizo creer que el presidente es más importante que una hormiga.

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